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El Testigo Fiel
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entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Oración: Lecturas de la misa
Domingo 4 de septiembre: Año litúrgico 2021 ~ 2022

Tiempo Ordinario ~ Ciclo C ~ Año Par
Hoy celebramos:
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, solemnidad
Sb 9,13-18: ¿Quién se imaginará lo que el Señor quiere?
Sal 89,3-4.5-6.12-13.14.17: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Flm 9b-10.12-17: Recóbralo, no como esclavo, sino como un hermano querido.
Lc 14,25-33: Aquel que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
Comentario: Necesitamos dejar de lado lo que nos impide ser cristianos auténticos
Hay videos para complementar la lectura: ver el video 1 ver el video 2
Traducción de las lecturas de Misa: oficial CEE (España) - escoger Alonso Schökel y eq.
Independientemente de la traducción escogida, si la referencia de la lectura aparece en rojo, el texto está en la traducción del P. Alonso Schökel, que es la única que está completa en la base de datos.
Sb 9,13-18: ¿Quién se imaginará lo que el Señor quiere?
¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?,
o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere?
Los pensamientos de los mortales son frágiles
e inseguros nuestros razonamientos,
porque el cuerpo mortal oprime el alma
y esta tienda terrena abruma la mente pensativa.
Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra
y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance,
¿quién rastreará lo que está en el cielo?,
¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría
y le envías tu santo espíritu desde lo alto?
Así se enderezaron las sendas de los terrestres,
los hombres aprendieron lo que te agrada
y se salvaron por la sabiduría.
Sal 89,3-4.5-6.12-13.14.17: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos. R.
Flm 9b-10.12-17: Recóbralo, no como esclavo, sino como un hermano querido.
Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano, y ahora prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión. Te lo envío como a hijo.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor, no a la fuerza, sino con toda libertad.
Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí.
Lc 14,25-33: Aquel que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Necesitamos dejar de lado lo que nos impide ser cristianos auténticos

por P. Inácio Lopes Filho
08 de sep de 2019

Lecturas:

Sb 9,13-18: ¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Sal 89,3-4.5-6.12-13.14.17: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Flm 9b-10.12-17: Recíbelo, no como esclavo, sino como hermano querido.

Lc 14,25-33: El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

 

Hermanos, una de las cosas más ricas en una persona es la humildad, reconociendo que estamos aquí en la tierra de paso y debemos disfrutar este tiempo, esta gracia de Dios para hacer el bien y evitar el mal.

Por lo tanto, la sabiduría es fundamental para guiar la mente y los corazones de aquellos que buscan seguir la verdad. La sabiduría y la humildad nos dan equilibrio.

En la primera lectura es muy claro:

"¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría y le envías tu santo espíritu desde lo alto"?

La arrogancia es enemiga de la humildad. Los que son sabios pero actúan con arrogancia están lejos de tener corazones sedientos de guía y amor.

La sabiduría es un don del Espíritu Santo de Dios, y quienes la reciben deben usarla para servir a los demás.

 

Dios es nuestro refugio, el salmo nos asegura esta verdad.

Eso significa que no estás solo en medio de las dificultades de la vida.

De una manera muy especial hemos experimentado esta certeza: Dios está con nosotros.

Cuando sufrimos la derrota, nos toma de la mano y nos levanta.

Si estamos en soledad, Él es nuestra compañía.

La misericordia de Dios nos alcanza con su amor eterno.

Pablo sufrió a causa del Evangelio de Cristo y, en medio de los muchos tormentos y persecuciones, no dejó de amar, no dejó de hacer el bien, no dejó de proclamar la Palabra.

San Pablo está preocupado por salvar de la esclavitud al que le ha hecho tanto bien.

Nos deja una lección, un aprendizaje: No podemos evitar ayudar a quienes sufren, incluso si nos cuesta mucho.

Seguir a Jesús es un compromiso diario, un acto de libertad, adhesión y amor.

Para seguir a Cristo debemos pasar por una transformación interna, una conversión interna.

Aquellos que tuvieron un encuentro personal con Cristo y fueron tocados por Él tuvieron sus vidas transformadas.

Los primeros apóstoles dejaron las redes, el bote, la familia y lo siguieron.

Seguir a Cristo es tomar la Cruz para que puedas entrar en la gloria.

Necesitamos dejar de lado lo que nos impide ser cristianos auténticos y aceptar el llamado de Jesús a nuestras vidas.

Que así sea.

 

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