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El Testigo Fiel
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Lecturas de la misa
Sábado 19 de septiembre: Año litúrgico 2019 ~ 2020

Tiempo Ordinario ~ Ciclo A ~ Año Par
Hoy celebramos:
Sábado, XXIV semana del Tiempo Ordinario, feria
o bien: San Jenaro, obispo y mártir, memoria libre
o bien: Memoria de Santa María en sábado, memoria libre
Las lecturas se toman de: Sábado, XXIV semana del Tiempo Ordinario
1Co 15,35-37,42-49: Se siembra lo corruptible, resucita incorruptible.
Sal 55,10.11-12.13.14: Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida.
Lc 8,4-15: Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.
1Co 15,35-37,42-49: Se siembra lo corruptible, resucita incorruptible.
Hermanos:
Alguno preguntará: ¿Y cómo resucitan los muertos?
¿Qué clase de cuerpo traerán?
Tonto, lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere.
Y al sembrar, no siembras lo mismo que va a brotar después,
sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta.
Igual pasa en la resurrección de los muertos:
se siembra lo corruptible, resucita incorruptible;
se siembra lo miserable, resucita glorioso;
se siembra lo débil, resucita fuerte;
se siembra un cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual.
Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual.
En efecto, así es como dice la Escritura:
«El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo».
El último Adán, en espíritu que da vida.
El espíritu no fue lo primero:
primero vino la vida y después el espíritu.
El primer hombre, hecho de tierra, era terreno;
el segundo hombre es del cielo.
Pues igual que el terreno son los hombres terrenos;
igual que el celestial son los hombres celestiales.
Nosotros, que somos imagen del hombre terreno,
seremos también imagen del hombre celestial.
Sal 55,10.11-12.13.14: Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios.

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias:
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies, de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.
Lc 8,4-15: Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.
Entonces les dijo esta parábola:
-Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad.
Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.
Dicho esto, exclamó:
-El que tenga oídos para oir, que oiga.
Entonces le preguntaron los discípulos:
-¿Qué significa esa parábola?
El les respondió:
-A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
El sentido de la parábola es éste:
La semilla es la Palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran.
Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando.
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