Eikos VIII
Eikos
El Verbo indescriptible bajo a las regiones inferiores
sin abandonar los cielos, pues su descenso fue divino,
su paso (en la carne) se efectuó sin ruptura (de la carne)
por la Virgen divinamente elegida que le dio a luz,
y que nos oye clamar:
Ave, tabernáculo del Dios inconmensurable,
Ave, puerta del misterio sagrado,
Ave, confusión de los infieles,
Ave, gloria reconocida por los fieles,
Ave, trono sagrado del que se asienta sobre los querubines,
Ave, casa gloriosa del que se asienta sobre los serafines,
Ave, tú que unes lo que estaba opuesto
Ave, tú que unes la virginidad y la maternidad,
Ave, tú que desatas las ligaduras de la falta,
Ave, tú que abres el paraíso,
Ave, llave del reino de Cristo,
Ave, esperanza de los bienes eternos,
Ave, Esposa inmaculada.
Antífona
Todos los ángeles admiraban el gran misterio de la Encarnación,
al ver al Dios inaccesible
convertido en hombre accesible a todos
y residiendo entre nosotros,
y oyéndonos a todos cantar:
¡Aleluya, aleluya, aleluya!