V estación. Mi gratitud al Cirineo
A Simón el Cirineo
detuvieron los soldados.
Sudor y polvo traía
como ofrenda de los campos.
Mi Jesús era gavilla
redentora de cansancio,
y del peso de su cruz
tuvo a bien participarnos.
Simón recibió el madero,
primeramente con asco.
Poquito a poco, el camino
le floreció de entusiasmo.
Porque ir junto a mi Hijo
en el sufrimiento humano,
es hallar al fin la gloria,
es a Él y a mí encontrarnos.
Madre llena de dolores,
acuérdate que en la Cruz
te nombró Jesús
Madre de los pecadores.
Dios te salve, María