La Virgen de la presentación
Florian Rodero
Caminaba silenciosa
como quién lleva un misterio,
con su Hijo entre los brazos
para presentarlo al templo:
primera sangre divina
derramada en nuestro suelo.
Al Templo viniste, Virgen,
con tu Hijo aún de pecho,
para cumplir el rescate
y para al Padre ofrecerlo.
Viniste con la alegría
de una flor que abre su seno,
para ofrecer el perfume
de quien es tu amor y dueño.
No te anunciaron dulzuras
las palabras de aquel viejo
Simeón, que presagiaban
indescifrables secretos.
¿Por qué será una bandera
de caídas y tropiezos
este tu Hijo, si ha nacido
de tu humildad y del cielo?
Al hijo tomaste en brazos
de tu marido, en silencio;
como un prendedor de amores
lo colocaste en tu seno.
Le mirabas entre triste,
entre gozos y entre besos,
y en tu corazón, ¡Oh Virgen!,
se iba el sol oscureciendo.