El Papa comentó el evangelio del domingo que narra la curación de la suegra de San Pedro y de algunos enfermos de Cafarnaum por parte de Jesús. "Los cuatro evangelistas -dijo- concuerdan en atestiguar que la liberación de enfermedades de todo tipo constituyó, junto con la predicación, la actividad principal de Jesús en su vida pública (...) Jesucristo vino a destruir el Mal desde la raíz, y las curaciones son un preludio de la victoria que obtendrá con su muerte y resurrección".
"Jesús afirmó en una ocasión: 'No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos'. En esa circunstancia se refería a los pecadores que vino a llamar y a salvar. No obstante -puntualizó el pontífice- es cierto, que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que nos damos cuenta de que no somos autosuficientes, sino de que necesitamos a los demás. En ese sentido, podríamos decir, paradójicamente, que la enfermedad puede ser una circunstancia saludable durante la cual sentimos la atención de los demás y les prestamos la nuestra. Sin embargo, es siempre una prueba, que puede ser larga y difícil. Cuando la curación no llega y los sufrimientos se prolongan, podemos sentirnos aplastados y aislados; entonces nuestra existencia se deprime y deshumaniza. ¿Cómo tenemos que reaccionar a este ataque del Mal? Ciertamente con las curas apropiadas -la medicina ha dado en estos años pasos de gigante y hay que agradecerlo-, pero la Palabra de Dios nos enseña que hay una actitud de fondo con la que hacer frente a la enfermedad: la fe en Dios y en su bondad".
"Incluso ante la muerte la fe puede hacer posible lo que es humanamente imposible. ¿Pero fe en qué? En el amor de Dios. Esta es la verdadera respuesta que aniquila al Mal. (...) Todos conocemos personas que han soportado terribles sufrimientos porque Dios les daba una serenidad profunda. Pienso en el ejemplo reciente de la beata Chiara Badano, muerta en su juventud a causa de una enfermedad terrible: a todos los que iban a visitarla les transmitía luz y confianza. No obstante, en la enfermedad, todos necesitamos calor humano; para confortar a una persona enferma, más que las palabras, lo que cuenta es la cercanía serena y sincera".
El Santo Padre concluyó recordando que el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, es la Jornada Mundial del Enfermo. "Hagamos nosotros también lo que hacía la gente en los tiempos de Jesús: presentémosle espiritualmente a todos los enfermos, confiados en que Él quiere y puede curarlos. E invoquemos la intercesión de la Virgen, especialmente en las situaciones de mayor sufrimiento y abandono"
Benedicto XVI recordó que la fiesta de la Presentación conmemora la visita de María y José al templo de Jerusalén para ofrecer al Señor el Niño primogénito, conforme a la ley mosaica, y rescatarlo mediante un sacrificio. En el Templo encuentran al anciano Simeón y a la profetisa Ana, quienes, dijo el Papa, "reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas. En el encuentro entre el anciano Simeón y María, joven madre, Antiguo y Nuevo Testamento se unen de modo admirable en la acción de gracias por el don de la Luz, que ha brillado en las tinieblas impidiéndoles que permanezcan: Cristo Señor, luz que ilumina a las gentes y gloria de su pueblo Israel".
El pontífice explicó que la Jornada de la Vida Consagrada se celebra el día de la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo porque este episodio evangélico constituye "una imagen significativa de la entrega de la propia vida por parte de cuantos han sido llamados a representar, en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús, virgen, pobre y obediente, el Consagrado del Padre. En la fiesta de hoy celebramos, por tanto, el misterio de la consagración: consagración de Cristo, consagración de María, consagración de todos aquellos que siguen a Jesús por amor del Reino de Dios".
La Jornada fue instituida por el beato Juan Pablo II en 1997 con tres finalidades. En primer lugar, para agradecer a Dios "el don de este estado de vida que pertenece a la santidad de la Iglesia". Toda la comunidad invoca hoy con fe este don y reza por cada persona consagrada. Además, con esta Jornada se pretende "promover el conocimiento y la estima de la vida consagrada entre el Pueblo de Dios", valorizando el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos. En tercer lugar, la Jornada constituye para los consagrados "una preciosa ocasión de renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que inspiran la donación" de sí mismos al Señor. "Esto queremos hacer hoy, este es el compromiso que estáis llamados a realizar cada día de vuestra vida", dijo el Papa dirigiéndose a los miembros de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica.
El Año de la Fe, que comenzará en octubre, será otro momento favorable para la renovación interior. Durante este año, los consagrados están llamados a "profundizar aún más la relación con Dios. Los consejos evangélicos, aceptados como auténtica regla de vida, refuerzan la fe, la esperanza y la caridad, que nos unen a Dios. Esta profunda cercanía al Señor, que debe ser el elemento prioritario y caracterizador de vuestra existencia, os llevará a una renovada adhesión a Él; y tendrá una influencia positiva en vuestra presencia y apostolado dentro del Pueblo de Dios mediante la aportación de vuestros carismas, en la fidelidad al Magisterio, a fin de que seáis testigos de la fe y de la gracia, testigos creíbles para la Iglesia y para el mundo de hoy". Todos los consagrados han de comprometerse con entusiasmo en la nueva evangelización.
Para terminar, el Papa, repitiendo unas palabras del beato Juan Pablo II, pidió a la Virgen María que interceda ante el Señor para que "cuantos han recibido el don de seguirlo en la vida consagrada sepan testimoniarlo con una existencia transfigurada, caminando alegremente con los demás hermanos y hermanas hacia la patria celeste"
Una organización integrada por mujeres enfermas de Sida ha conseguido, a través de la venta de collares de papel reciclado, el dinero suficiente para inaugurar una nueva escuela en Kampala, capital de Uganda. El centro es de secundaria y acogerá a 400 niños. La construcción ha contado también con otras ayudas privadas, en un contexto de claro retroceso de la ayuda internacional para los países más débiles.