(...) si no existieran en la práctica tantos espíritus del Concilio como gustos y colores.
Es que la realidad no es platónica.
de insertarme en un bando, me quedo con el de destruir el mundo a base de Misas tridentinas
Puestos a condenarse, el otro es más divertido. El exilio en el desierto es lo mejor, aunque Babilonia es una buena opción también.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Yo me inserto en el bando de los que bastante tienen con reformar su propia vida...por algo hay que empezar...
Reformar la propia vida puede ser la manera más revolucionaria de destruir el mundo. ¿quien sabe?
Igual me pienso lo de Babilonia...
Es que la realidad no es platónica.
No es platónica, pero tampoco es subjetivista y atropellada en barreras linguísticas cual torre de Babel. Pero bueno, al final, leer A donde pone A y no B, es también una luz del Espíritu Santo. Él es el verdadero y único Espíritu de todos los Concilios :D
Pasaba (no tienes un nick más amable?), me encantó tu mensaje, ahora bien, una de las grandezas del ser humano, es que no es binario: puestos a elegir... puede pasar del PP y del Psoe, de peronistas y radicales, y de rojos y blancos.
Sobre todo en la Iglesia, si las opciones binarias que se nos prsentan son las dos tan fuera del Evangelio. Es verdad que en las dos opciones que muestras, probablemente haya gente de muy buena voluntad, que con la mejor intención quieren unos "encontrarse con el mundo" a toda costa, y los otros "preservar la Iglesia inmaculada".
Las dos tareas son buenas en sí mismas, y qué tanto, sean o no buenas en sí mismas (lo son), Cristo nos impuso las dos a la vez, y no nos dijo como habríamos de hacerlo, me refiero a decirnos A+B+C. Pero ahí está también el quid del asunto: apliquemos laa buena intención que apliquemos, cuando dejamos de hacer una para atender con exclusividad a la otra, nos caemos del evangelio.
Kanbei habla de reformar la propia vida. Es cierto... pero también eso puede ser una forma de caerse del Evangelio. No dijo, Kanbei en tu caso, porque creo que entiendo lo que quieres decir, además es una forma de salir del una elección artificialmente planteada como binaria.
Pero el asunto de fondo es que no creo que el evangelio dé resquicio para que nos pongamos a elegir nada de todo eso, sino que nos pone encima el famoso "yugo llevadero" (a veces es llevadero, y a veces madre mía...): hacer a imagen de Cristo a la vez el mundo, la Iglesia, y la propia vida. Quien saca los pies del plato en alguna de esas tres cosas, no sirve para el Reino.
El que desespera del mundo, miente si dice que ama a la Iglesia, por mucha tradición litúrgica y muchos cánones que se sepa de memoria. porque la Iglesia la creó Dios para el mundo, para salvar al mundo, sin el mundo, desesperando del mundo, la Iglesia pierde su razón de ser y se disuelve sola.
El que desespera de la Iglesia, tampoco ama el mundo, porque el mundo, tal como aparece, es pura apariencia, su sustancia ya fue juzgada y echada al fuego, así que quien opta entre uno y otro, opta entre una nada y un vacío.
Y quien se encapsula desesperando de uno y otro, finalmente tampoco se ama siquiera a sí mismo. Pero no creo que necesite argumentar eso.
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«Si Dios no glorifica al hombre, la gloria de los hombres no tiene ninguna consistencia» (Abba Sisoes)
No es platónica, pero tampoco es subjetivista y atropellada en barreras linguísticas cual torre de Babel. Pero bueno, al final, leer A donde pone A y no B, es también una luz del Espíritu Santo. Él es el verdadero y único Espíritu de todos los Concilios
No es eso. Uyes de un extremo y te posicionas en el otro.
No es subjetivista, es subjetiva. Quien habla de subjetivismo, no distingue los subjetivo del subjetivismo. Así como quien habla de misticismo, no distingue mística de misticismo. Así como quien piensa que hay que racionalizar la Fe y la santidad, dici no rechazar los sentimientos pero no distingue la voz de Dios en el corazón del hombre con el sentimientalismo.
Hay quien divide la Iglesia en dos bandos, así como los espíritus conciliares... y todo lo que se ponga por delante. Es lo que tiene el simplismo y la simplonería.
Esa dispersidad que achacas a uno también se da en el otro. Es solo cuestión de verlo, de ser autocrítico quien está posicionado o tiene preferencias por uno. Pero ya se parte de esa división que no es objetiva, es subetiva y subjetivista.
No pretendamos edificar algo pretendidamente objetivo sobre un subjetivismo. Es el demonio que amamos más que a Dios.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
En efecto, no hace falta ser subjetivista para adivinar subjetividades más subjetivas que otras.
Ah, sí? jajaja
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
El que desespera del mundo, miente si dice que ama a la Iglesia, por mucha tradición litúrgica y muchos cánones que se sepa de memoria. porque la Iglesia la creó Dios para el mundo, para salvar al mundo, sin el mundo, desesperando del mundo, la Iglesia pierde su razón de ser y se disuelve sola.
(Cito este párrafo pero tengo en cuenta todo). Bien, en el Evangelio se nos presenta a un Jesús que, de primeras, quiere una Iglesia, un pueblo suyo, que sea sal del mundo. Pero la sal lo mismo sala que escuece, dependiendo de dónde se aplique. En el Evangelio, se nos presenta a un Mesías que desearía que el mundo ya estuviese ardiendo (¿ardiendo de amor o ardiendo para consumarlo todo y restaurarlo todo en sí para el Padre?), también depende de dónde se aplique la sal. Luego, una mirada más profunda, más elevada, que nos muestra el Evangelio a 'vista de Águila', se nos dice que por un lado, Dios nos envía a su Hijo porque tanto amó Dios al mundo, para rescatar y no a condenar, etc; y por otro el mundo es enemigo intrínseco del alma cristiana, y señorío del Mal.
En fin, ¿quién debe permanecer salada y no volverse sosa? La Iglesia: que escueza o de sabor, está en manos de lo que Dios pre-ve pero no ejecuta sin su sal que es la Iglesia que vive de Él. Al mundo no lo podemos cambiar, ni tampoco podemos cambiar la Iglesia. Pero si cambiamos nosotros (no un cambio cualquiera, sino un cambio de conversión a Dios), y así la Iglesia se transforma por si sola. El mundo no. Y si la Iglesia brilla con luz evangélica, con la luz de Cristo, es como ese pasaje donde Cristo resume su misión en ser elevado y atraerlos a todos hacia sí.
Es cueza?
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
y así la Iglesia se transforma por si sola. El mundo no
Bueno, depende, en cierto sentido, al cambiar nosotros, también el mundo cambia, y hasta se vuelve más amable. Se decía que la conversión suscitada por la amenazante predicación de san Vicente Ferrer retrasó el Juicio. Es decir: cuando el santo fulminaba con el inminente final de todo, tenía razón, epro al convertirse los seres humanos, lograron para este mudno un tiempo más de gracia y oportunidad....
se non è vero, è ben trovato... digo, bien puede ser, no? la libertad humana sirve de algo, además de meternos en berenjenales, también puede ser que recibamos la gracia, y el mundo cambie, y seamos felices comiendo perdices.
De todos modos, parece que ni Dios cree en ese hermoso y juicioso final, sin juicio y sin final. Pero en lo limitado de cada vida humana, el mundo puede hacerse más o menos respirable, según la acogida que damos a la gracia, y por tanto no hay una previsión posible de si el mundo será mañana -este mundo, no el otro- una tierra mejor o peor. Si no no tendría mucho sentido toda la oración que hacemos para pedir paz ya en este mundo, ya para esta vida, para "todos los hombres que ama el Señor" (que deben ser todos).
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«Si Dios no glorifica al hombre, la gloria de los hombres no tiene ninguna consistencia» (Abba Sisoes)