No sé si hemos hablado de "Lutero", la película.
Voy a traer un comentario que hice en su día que titulé "La evolución de un hombre de Iglesia":
Magnífica película, excelente guión. Aún así, en verdad ahora conocemos al Martín Lutero del film. En verdad, ¿quién fue tal personaje realmente?
Primero vemos al Martín que ansía la paz interior. Con una lucha interior, preso en un enredo psicológico (tentaciones y ardides del demonio, según él, escrúpulos quizás) del cual no acaba de librarse.
Claro que desde la Psicología, cuando se piensa que se da una explicación certera del fenómeno, todo parece muy claro, quedando el sujeto disminuido ("reduccionado"). En aquella época, como quizás aún en ésta, no se le puede dar respuesta adecuada a lo que le ocurre. Si se sicoanalizara, quizás encontraría una obsesión infantil o en la temprana juventud, un maltrato psicológico o una herida por su buena sensibilidad,… o Dios sabe qué.
Y desde la atención pastoral se sabe que el más fuerte es capaz de soportar mayores tentaciones y que Dios templa sus instrumentos. Así Martín se le agudiza la inteligencia a través del conocimiento propio viviendo tales conflictos.
Afortunadamente la sociedad y la Iglesia que conoce Martín no son las de ahora. Actualmente hay mucha más igualdad de oportunidades y un acceso universal a la educación, prácticamente. La época de construcciones faraónicas ha pasado a la historia. La doctrina sobre las indulgencias ha evolucionado mucho, como también la comprensión común del más allá y del hombre mismo. Cada vez más Iglesia y Estado saben estar en su lugar, relacionados pero con la debida separación. Y un largo etcétera.
Pero no es menos cierto que las personas seguimos siendo las mismas. Los mismos errores del pasado lo seguimos cometiendo ahora. ¿De qué nos sirve tanto saber?
En una época en la que la reforma era necesaria, la Iglesia siguió con la construcción y con las pendencias con el Islam. Éstas, tanto una como la otra, la época también las justifica, pero la Iglesia perdió un gran reformador. Y perdió medio del pulmón que le quedaba para respirar.
Me parece que esta película (en función de su rigor histórico) sirve de mucho para la conciliación de las dos iglesias. Aunque para pesar del pueblo, ambas partes seguirán obcecadas sin soltar sus respectivos “clavos ardiendo”.
Martín Lutero, un hombre intelectual, no puede (como nadie) dejar de ser hijo de su época ni de verse en conflictos que no desea provocados por los que se dicen seguidores suyos (¿qué discípulo es fiel a su maestro?). Y se acaba convirtiendo en algo más parecido a hombre de estado, como cualquier homólogo eclesiástico católico.
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Predica la fe hasta que tú mismo la obtengas, y luego la predicarás porque ya la posees.
Friedrich Nietzsche.
No comparto mucho tu entusiasmo por la película; más bien debo decir que me pareció bastante anacrónica la presentación que hace de Lutero, que se maneja no como un hombre del Renacimiento, sino como un "moderno", un par de siglos antes.
No sé si es fácil presentar la figura de Lutero sin abrir inmediatamente juicio sobre él, a favor o en contra, o convertirlo en adalid de lo que cada uno de nosotros ha comprendido de la Iglesia y del mundo, precisamente a partir de los cambios que introdujeron figuras como las de él y muchos otros reformdores e intelectuales más, algunos de los cuales dejaron la Iglesia, junto a otros muchos que se quedaron.
Es verdad lo que dices: qué gran reformador se perdió la Iglesia. Como sea, la figura de ML es fascinante.
La Iglesia necesitaba reformas, muchas; Europa se abría a nuevos modos de entender el poder; el mundo entero se había convertido por esos años en más del doble de lo que era hasta hacía poco.
¿Se malogró Lutero como reformador? ¿u ocurrió lo mejor para el mundo y lo mejor para la Iglesia?
La verdad que yo no tengo una respuesta para eso. Por un lado pienso que la unidad de la Iglesia es un bien demasiado grande como para dilapidarlo; por otro lado, en realidad desde hace 500 años estamos descubriendo -cada generación un nuevo escalón- un modo de "unidad de la Iglesia" más sutil y profundo que la unidad piramidal puramente exterior. Como si a contrapelo de las teorías de la unidad de la Iglesia, la historia ayudara a bordar algo con sentido en torno a esa enigmática frase de Juan "tengo otras ovejas que no son de este rebaño".
Hay un teólogo ruso ortodoxo, Soloviev, que piensa la unidad de la Iglesia no como el aglutinamiento en torno a un centro humano visible, sino como en círculos de unidad ("iglesias") atravesados por un centro que pasara por cada uno de ellos y enhebrara en el siguiente, de tal modo que el centro trasciende a cada subgrupo. Ese centro es, naturalmente, Cristo.
No es que Lutero haya pensado nada de esto: él es un hombre del Renacimiento, y aunque ya se van abriendo perspectivas más amplias de lenguaje, aun permanece atado (él y Roma por igual) a la idea de que la unidad o es piramidal o no es unidad. Sin embargo sin proponérselo, su "reforma" no reformó la Iglesia, sino que abrió nuevos espacios eclesiales, que cuatro siglos y pico más tarde fueron reconocidos incluso por nosotros (CV II) como realidades misteriosas de la Iglesia.
Intentaré volver a ver la película a ver si me entusiasma un poco más, y podemos dialogar compartiendo un poco más el gusto.
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«Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro.»